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    El paisaje de la Serra de Tramuntana contiene un extenso y excepcional patrimonio intangible. A pesar de su inmaterialidad, o precisamente por ella, se trata de un exponente cultural de primer orden, muy relevante y que se identifica con la riqueza cultural de un país. Se pueden distinguir dentro de este grupo, cuatro aspectos: los topónimos, las leyendas, los cuentos (cuentos) y las glosas (canciones), aunque obviamente hay otros elementos lingüísticos en el territori [...]

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PAISAJE VIVIDO

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Religiosidad y creencias

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La montaña mallorquina no sólo ha sido considerada por escritores y artistas como un lugar cargado de energía y espiritualidad, incluso un contexto proclive a la introspección como se puede ver en algunos poemas neoclásicos y románticos. Las diversas culturas que se han ido instalando en la isla de Mallorca han atribuido un carácter sagrado a determinados lugares o habitantes de la comarca, han venerado las fuerzas de la naturaleza y han edificado construcciones para desarrollar sus prácticas religiosas. Aunque podemos reconocer algunas estructuras religiosas y funerarias del período talayótico, es escaso el conocimiento que se tiene sobre las prácticas y creencias religiosas de los primeros pobladores de la isla. Tampoco se conservan en la comarca restos arquitectónicos o materiales significativos relativos a la religión de las culturas romana, paleocristiana, bizantina y musulmana, lo que contrasta notablemente con la profusión de evidencias de la cultura cristiana, la cual se instaló en el territorio en último lugar y de forma más intensa y prolongada, y que ha dejado una importante huella en manifestaciones religiosas y populares del territorio.

En el corazón de la Serra de Tramuntana, especialmente en el municipio de Escorca, se encuentran las evidencias religiosas más antiguas de Mallorca: los santuarios talayóticos de Almallutx y la actividad en los bosques de Lluc.

Hoy en día, el santuario de Lluc es uno de los principales centros espirituales de la isla, ya que existe una importante tradición de peregrinación, procedente de todos los rincones de la isla, para demostrar una devoción a la imagen gótica de la Virgen de Lluc, que se remonta a 1273 y que aún se mantiene claramente viva.

La Serra de Tramuntana ha sido también frecuentada por comunidades monásticas que buscaban en las montañas la quietud silenciosa y la belleza inspiradora necesarias para poder rezar y llevar una vida alejada de los problemas de las urbes. La iniciativa más emblemática fue la escuela de lenguas orientales que fundó Ramon Llull en Miramar (1276), donde se preparaban frailes franciscanos para ser misioneros y poder predicar el evangelio y el Ars luliana entre los musulmanes.

Además de entornos cargados de espiritualidad, la Serra de Tramuntana cuenta con varios personajes y hechos de índole religiosa. Destacamos la figura de Santa Catalina Thomàs, conocida en toda la isla como La Beateta, que fue beatificada en 1792 gracias a la intermediación del Cardenal Antoni Despuig.