• La forma en que cada sociedad habita el territorio, lo trabaja, lo rememora, lo conoce, lo representa y lo narra refleja su percepción emocional del paisaje. La Serra de Tramuntana es singularmente rica en expresiones culturales, que evocan un amplio y complejo pasado y también lo es en expresiones artísticas, pictóricas y literarias contemporáneas que reflejan sus valores paisajísticos y definen la singularidad de las formas de vida de este territorio. [...]

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PAISAJE VIVIDO

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Formas de vida tradicionales

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Los núcleos urbanos son el principal espacio social de la comunidad. Las actividades económicas, políticas, educativas, culturales y religiosas entre los diversos miembros de la sociedad se materializan en las viviendas, los espacios públicos, las relaciones sociales y de poder, la ideología y las creencias, la vida cotidiana, la alimentación, la vestimenta y las tareas.

Los núcleos urbanos de la Serra de Tramuntana han evolucionado a partir de los antiguos asentamientos de época musulmana, y han estado profundamente influidos por la propia orografía de la Serra. La vida en los núcleos urbanos ha ido cambiando a medida que avanzaba el paso del tiempo, pero estos cambios se han ido acentuando con el crecimiento del sector turístico, en los años sesenta del siglo XX. Hasta entonces, el pueblo era el lugar más importante del municipio, y la plaza, con sus cafés y barberías, era el centro de reunión, sobre todo los domingos a la salida de la iglesia, los días festivos y de mercado. Era el lugar de reunión, de compraventa y de tertulia.

La zona rural de Mallorca, es decir, la mayor parte del territorio de la isla, no se entiende sin echar una mirada a las relaciones sociales e interpersonales que se desarrollaban en las posesiones, los núcleos de vida rural y vértices del orden histórico del campo mallorquín. Estas grandes fincas, destinadas a la explotación agropecuaria, eran administradas desde un núcleo de edificaciones llamado las casas de posesión, que estaba compuesto por las casas de los señores y las casas de los dueños, donde residían y convivían frecuentemente el dueño y la madona con los señores. Los señores eran nobles terratenientes, pertenecientes a lo que se denominó el brazo noble o la mano mayor rural, que gozaban de un importante grado de independencia en estos espacios rurales. Controlaban la copiosa mano de obra campesina a partir de una estructura social clasista y claramente jerarquizada.

Estas fincas configuran un singular sistema productivo y de interacción social, en el que conviven tanto los señores como el amo y la madona, y muchos otros trabajadores: amitger, mayoral, missatge, jornals, parejas, bover, oguer, hortelano, segadores, hombres de era, jornaleros, así como los arrieros y las recogedoras de oliva, es decir, personas procedentes de diferentes puntos de la isla, que acudían puntualmente para trabajar en la recogida de aceituna. Esto implicaba contar con espacio para alojar a estos trabajadores puntuales.

En el universo cotidiano de las posesiones se plasman las formas de vida tradicionales, el saber agrícola y ganadero de los campesinos, las soluciones específicas que se adoptaron ante las necesidades de subsistencia, las maneras de ver y entender el territorio.

Aunque hay posesiones donde los señores casi no residieron, habitualmente alternaban temporadas del año entre sus viviendas de los núcleos urbanos y en la posesión. Sobre todo a partir del siglo XVII, cuando quedan atrás los conflictos sociales (Revolta Forana, Germanies) entre señores y campesinos, las grandes familias terratenientes que tenían su centro urbano piden tener su residencia en la Serra de Tramuntana, donde además se observa una mayor densidad de casas de posesión de señores que en el resto de la isla y mayor complejidad de estancias, capillas, jardines, etc. Esta mayor frecuentación de los señores en las posesiones de montaña se vincula tanto a cuestiones paisajísticas como a una mayor presencia de agua.

Las zonas forestales también contaban con trabajadores especializados en diversas actividades de aprovechamiento de los recursos del bosque, destacando los roters, margers, los leñadores, carboneros, caleros y los neveros.

La actividad en la montaña era claramente diferente, más dura y solitaria que la vida en el núcleo urbano o en las posesiones, pero aquellas personas que no podían trabajar como campesinos en una posesión ni tampoco disponían de un pedazo de tierra propio con el que subsistir se veían abocadas a trabajar en estos trabajos de montaña.

A estas actividades hay que añadir la trashumancia, de ganado procedente de las zonas más llanas de la isla que durante el verano era desplazado por pastores hasta la Serra de Tramuntana, donde podían encontrar el necesario pasto.