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PAISAJE NATURAL

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El sustrato y las formas del relieve

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Los materiales geológicos de la Serra de Tramuntana abarcan un período que va desde finales del paleozoico (Carbonífero) hasta el mioceno inferior, es decir de los 240 a los 15 millones de años. Se trata básicamente de rocas sedimentarias, predominantemente calizas del jurásico (era Secundaria), que son las que confieren el color grisáceo característicos de las cumbres y acantilados de la Serra.

Los depósitos litológicos de la Serra, sedimentados mayoritariamente en el fondo de antiguas cuencas marinas, se vieron afectados hace unos 15 millones de años por la llamada orogenia alpina, consecuencia de la colisión entre las placas tectónicas africana y euroasiática, que provocó el despliegue de grandes masas de rocas sedimentarias, levantadas desde los fondos marinos, y que se formaron como cordilleras alrededor del mar Mediterráneo: Alpes, Béticas, Alpes, Pirineos y la Serra de Tramuntana.

De esta forma, las rocas que hoy constituyen mayoritariamente la montaña mallorquina sufrieron un proceso de compresión que respondía a presiones en dirección noroeste, y que son la causa de los sucesivos plegamientos y solapes actuales, alineados en dirección suroeste-noreste, y apiñados hacia el noroeste. En consecuencia, la vertiente septentrional de la cordillera presenta un relieve enérgico que corresponde a grandes rasgos a los frentes de solapamiento, mientras que la vertiente meridional es más suave, al adaptarse a la inclinación general hacia el sureste que presentan los materiales rocosos.

Por otra parte, una característica muy propia de la Serra es la alternancia de los grandes acantilados con valles y laderas de pendiente mucho menor, lo que responde a diferencias en la litología: los acantilados los forman calizas duras, mientras que en su base afloran materiales mucho más blandos (arcillas o calcarenitas), propias de las vertientes y los fondos de valles. Esta alternancia entre materiales duros y materiales arcillosos es importante porque explica las surgencias de agua a lo largo de la comarca.

Esta disposición generalizada en dirección noreste-suroeste se ve truncada por cortes perpendiculares provocadas por fallas producidas durante el mismo período orogénico o bien como consecuencia de la distensión que se produjo una vez finalizada la fase orogénica. Es así como aparecen los valles de Valldemossa, Puigpunyent o Sóller, mientras que en otros lugares estas líneas de fractura serán los puntos sobre los que se formarán grandes cañones y barrancos por efecto de la erosión de las rocas calizas.

Sobre la base de los materiales calcáreos levantados se sucedieron los procesos propios de los llamados agentes geomorfológicos, que actúan sobre las rocas emergidas provocando su fragmentación, transporte y posterior sedimentación, conformando un proceso evolutivo que es el que ha ido modelando el paisaje de hoy. En la Serra de Tramuntana se deben señalar cuatro tipos de modelado del relieve: el modelado fluviotorrencial, que se asocia a torrentes y barrancos, el modelado de vertientes, en forma de acantilados y laderas; el modelado litoral, propio de la zona costera y que presenta las morfologías de los acantilados litorales y las calas, y el modelado cárstico, fruto de la acción química del agua al disolver la roca caliza, y que de hecho es el más característico de la montaña mallorquina.

El modelado fluviotorrencial está bien representado en la Serra por la extensa red de torrentes existente. La red de canales del sistema fluviotorrencial de la Serra aprovecha, en términos generales, las zonas de materiales blandos que se encuentran en la base de los macizos calcáreos para crear anchos valles longitudinales a través de los cuales se organiza la red de torrentes. Aún así, es frecuente encontrar en las zonas de cabecera torrentes encajados dentro de los paquetes calizos, aprovechando debilidades o fracturas estructurales, creando profundos cortes en la roca que se transforman en cañones cársticos de formas espectaculares.

Los torrentes de la Serra de Tramuntana se orientan principalmente de forma longitudinal, siguiendo el sentido de su estructura geológica, aunque a menudo lo hacen también en forma de cortos tramos transversales que excavan barrancos y pequeños cañones (los estrechos), como los de la Vall de Ternelles, el plan de Cúber o la conexión de la Vall d´Orient con el plan central de Mallorca a través de Es Freu y de Coanegra, así como el emblemático estrecho de Valldemossa. La vertiente litoral de la Serra, en cambio, está constituida más bien por torrentes de recorrido corto y pendientes notables, que en ocasiones descienden directamente desde la misma línea de cumbres.

El modelado de las vertientes engloba un amplio conjunto de procesos y formas como resultado de la acción de los mecanismos de meteorización: desde la caída de bloques rocosos hasta la lenta desmembración de las vertientes en forma de pequeñas graves. Los agentes implicados -básicamente del agua y la gravedad- determinan, por ejemplo, la aparición de las "rossegueres ".

En tercer lugar, el litoral aparece como un entorno muy dinámico en el que el modelado se produce a través de procesos mecánicos (la abrasión producida por la acción de las olas), y procesos bioerosivos producidos por organismos propios de estos ambientes. Sin embargo, es el modelado cárstico el que tiene un mayor interés geomorfológico en la Serra de Tramuntana, un tipo de erosión propio de las rocas carbonatadas, atacadas químicamente por el agua con contenido de dióxido de carbono, y que da lugar a una gran variedad de morfologías, tanto en su parte superficial (exocarst) como en el interior, en forma de galerías subterráneas, cuevas y simas.

El exocarst se manifiesta con morfologías externas como las dolinas o los campos de lapiaz -localmente conocido con el nombre de "rellar" o "esquetjar", palabras que aparecen repetidamente en la toponimia de la Serra-, pero también cañones cársticos como el del Torrent de Pareis, en Escorca. Los "rellars" más espectaculares son quizás los de ses Monges y los de es Pixarells, en la zona de Lluc. Por otra parte, hay la presencia de depresiones cerradas y que adquieren forma de depresiones circulares o alargadas. Después, destacan por su abundancia las cavidades subterráneas con un exagerado componente vertical (los "avencs", en la terminología popular catalana, que alcanzan los 100 metros de profundidad), y las cuevas, que constituyen un complejo conjunto de cavidades por las que se puede reseguir un sistema de drenaje subterráneo de aguas.