• De los primeros pobladores a la caída del Imperio Romano (5.000 aC - 454 dC) De los primeros pobladores a la caída del Imperio Romano (5.000 aC - 454 dC)

    El período que transcurre entre la llegada del hombre a Mallorca y la caída del imperio romano supone el primer momento de transformación antrópica de un paisaje hasta ese momento intocable. La intensidad con que el hombre transforma el territorio en esta época queda patente con el empuje y el declive de la cultura talayótica, dejando como herencia paisajística sus construcciones de grandes bloques de piedra, los talaiots. Paralelamente, la conqui [...]

    Leer más »

PAISAJE CULTURAL

/

La ruptura de la autarquía (siglos XIX y XX)

PDF

La característica evolutiva más destacable a partir del siglo XVIII fue, sin duda, la ruptura de la histórica autarquía de la isla de Mallorca, que se inicia a partir de la inserción de la isla de Mallorca en los circuitos comerciales españoles que tenían en América el principal interlocutor. Este hecho posibilitará mejoras técnicas, desarrollo de la industria manufacturera y aportación de recursos alimenticios del exterior. En un segundo periodo, entre la segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX, se dará el máximo desarrollo agrario e industrial: es el momento en que la economía industrial supera por primera vez en la historia el sector agrario. Y, en un tercer momento, a partir de la segunda mitad del siglo XX, se introducirá a gran escala la economía turística, base del desarrollo actual, y que supone la integración de las Islas Baleares en la economía global.

En el caso de la Serra de Tramuntana, tal como venía sucediendo durante la Edad Moderna, siguió contando en la época contemporánea con una sociedad esencialmente agraria. Las desamortizaciones del siglo XIX ocasionaron que la agricultura de montaña alcanzara su máxima intensidad productiva, ya que los cambios en el régimen de propiedad llevaron a un aumento en la producción ya un cambio en la sociedad del momento, fomentando las pequeñas propiedades que aún se mantienen en zonas como la Vall de Sóller. A pesar de ello siguieron existiendo grandes diferencias entre diversas zonas de la Serra. Las grandes propiedades, en manos de la aristocracia, se mantuvieron intactos hasta finales del XIX. Seguían dominando los cultivos tradicionales, es decir los cereales en el llano y el olivo en la montaña. Al mismo tiempo se produjo una expansión de cultivos preexistentes, aunque en cierta manera minoritarios (almendro, algarrobo, higuera, cítricos y vid entre otros), pero que luego adquirió importancia con la intensificación del comercio con América.

En el siglo XIX aumentó el número de municipios, al emanciparse estos gracias a las leyes liberales de los años treinta. Así, Fornalutx se separó de Sóller y Deià lo hizo de Valldemossa. También en este siglo se dieron a conocer los paisajes y elementos tradicionales de la montaña mallorquina, gracias a la presencia de numerosos viajeros románticos que llegaron a la isla, atraídos por la belleza y preservación de sus valores paisajísticos y culturales. De entre todos estos viajeros sobresale la figura del Archiduque Luis Salvador de Austria. Llegó a Mallorca por primera vez en 1867 y poco después fijó su residencia entre las localidades de Deià y Valldemossa, adquiriendo una decena de fincas como las de Son Marroig, Miramar, Son Moragues y S´Estaca, buena parte de ellas con vistas excepcionales al mar Mediterráneo. El personaje escribió más de cincuenta libros, entre los que destaca Die Balearen in Wort und Bild, obra de varios tomos en la que describe los usos, costumbres y paisajes del archipiélago balear, poblado y trabajado tan sólo por sus habitantes y por algún viajero ocasional.

La Serra de Tramuntana acoger a otros viajeros, artistas y naturalistas europeos y de la península Ibérica, como Isidoro Antillon, George Sand, Frederic Chopin, Joseph Tarongí, Santiago Rusiñol o Jeroni de Berard, entre muchos otros. Todos ellos destacaron las virtudes naturales del paisaje que se encontraron ya veces retrataron una sociedad y un sistema económico anclado en sus antiguas costumbres.

El siglo XX ha sido el del cambio social, económico y territorial en Mallorca, así como en la Serra de Tramuntana, aunque en este caso los efectos de la transformación no se han dejado notar con tanta evidencia como en el resto del isla. El turismo se hizo presente a principios de siglo, y, de hecho, la montaña fue uno de los principales destinos de los primeros turistas. Unido a la promoción del turismo, en los años veinte el excursionismo atrajo la visita a los parajes de la Serra. Nació el Fomento de Turismo y la Asociación para la Cultura de Mallorca, que organizó excursiones por lugares como Lluc, el Torrent de Pareis o Galatzó.

A partir del año 1960 irrumpe bruscamente el turismo de masas, de modo que muy pronto la actividad agrícola acabó por ocupar una proporción marginal respecto a la que ocupaba ya el sector terciario, con las implicaciones y transformaciones sociales y culturales que esto supone. Sin embargo, las localidades de la Serra, alejadas del mar y de las playas, se mantuvieron necesariamente apartadas del fenómeno turístico, lo que afectó también a la imagen física de la Serra, en general muy preservada, aunque ha habido un crecimiento de los usos residenciales y recreativos.