• La conquista catalana y la época moderna (siglos XIII a XVIII) La conquista catalana y la época moderna (siglos XIII a XVIII)

    Una vez realizada la conquista por parte del rey Jaime I, las tierras de la Serra se repartieron entre los que participaron en la invasión y toma de la isla de Mallorca. El rey, sus caballeros y la Iglesia repartieron los antiguos distritos musulmanes e iniciaron nuevas formas de organización territorial y social. La situación fronteriza de la isla con el mundo musulmán obligó a los habitantes cristianos a establecer una red de fortificaciones en forma de torre [...]

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PAISAJE CULTURAL

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La conquista catalana y la época moderna (siglos XIII a XVIII)

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Una vez realizada la conquista por parte del rey Jaime I, las tierras de la Serra se repartieron entre los que participaron en la invasión y toma de la isla de Mallorca. El rey, sus caballeros y la Iglesia repartieron los antiguos distritos musulmanes e iniciaron nuevas formas de organización territorial y social. La situación fronteriza de la isla con el mundo musulmán obligó a los habitantes cristianos a establecer una red de fortificaciones en forma de torres de vigía, atalayas y castillos a lo largo de la cadena montañosa. Se consolidan así algunas de las fortificaciones más importantes de la isla: el Castell de Rei (Pollença) y El Castell d´Alaró, que son excelentes muestras de obra gótica y de castillos de montaña. Estos puntos de defensa ya existían en época romana, y los musulmanes los habían convertido en importantes fortalezas.

Otras fortificaciones medievales existieron en la Serra, aunque hoy están en ruinas y apenas quedan rastros, como es el caso por ejemplo del Castell del Teix, del año 1309, conocido como "les casetas del rei Sanxo". Los castillos sirvieron después a los partidarios del rey Jaime III de Mallorca para defenderse de la invasión de la isla por parte de Pedro IV de Aragón, y que supuso la reintegración del reino independiente insular (1271-1343) a la confederación catalano-aragonesa.

En conjunto, la llegada de los catalanes supuso para la isla su entrada en el sistema social, económico y cultural de la Europa cristiana. En la Serra de Tramuntana se establecieron grandes propiedades administradas por la nobleza o el clero, en las que se impuso un sistema de organización social y económico de tipo feudal, que se puede observar todavía -muy evolucionado-, en las formas de organización agraria en torno a las fincas o posesiones, ya en época contemporánea. El santuario religioso de Lluc se erigió poco después de la conquista cristiana, y hoy sigue siendo un lugar de devoción y peregrinación de la comunidad cristiana de Mallorca, y un símbolo religioso y cívico y cultural de la sociedad mallorquina.

El cambio del sistema agrícola musulmán, de pequeñas tribus organizadas alrededor de un sistema de regadío, a un sistema feudal supone un cambio importante en la transformación paisajística de la Serra. La creciente pujanza comercial de la capital de la isla (Palma de Mallorca, la actual Palma) conlleva un incremento de la presión sobre el resto del territorio que se lleva a cabo a través de las posesiones, los propietarios residen en la ciudad y establecen prioridades en función del rendimiento comercial a la hora de planificar los cultivos prioritarios. Este hecho se traduce, por un lado, en el avance del cultivo del trigo, que era muy minoritario para los musulmanes pero que se convierte en estratégico para la nueva cultura cristiana. Y, por otro lado, la extraordinaria aptitud de las vertientes de la Serra para acoger el cultivo del olivo favorecen un incremento muy importante de la roturación de bosques a favor de los olivares, el producto, el aceite, empieza a ser exportado masivamente.

Según algunos autores, el olivar se localizaba preferentemente en la Serra y los de algunas alquerías, como la de Biniatzar, en Bunyola, habrían servido de núcleo a partir del cual la expansión de su cultivo marca una primera área nuclear en su alrededor, que, con el paso de los siglos, se generaliza en toda la comarca de la Serra. De esta manera, la implantación mayoritaria de cultivos de secano como el trigo y el olivo marcan el paso desde la producción hortícola musulmana en la nueva sociedad feudal.

Los productos de secano, son la base del pago de impuestos por parte de los campesinos a los señores feudales y grandes propietarios. De hecho este nuevo sistema somete al campesino al señor feudal de la ciudad, y por tanto favorece el crecimiento de su poder desde la ciudad al resto del territorio rural, el máximo símbolo es la posesión.

La posesión ha sido históricamente la pieza clave de la economía de la parte agrícola y ganadera tradicional de la isla, una verdadera unidad de producción. Estas posesiones se han ido adaptando funcionalmente al paso de los siglos, y sus necesidades defensivas o la voluntad de sus propietarios de disfrutar de una gran casa rural, han producido modelos constructivos diferentes: algunos presentan un carácter fortificado, como la posesión de Son Marroig (Deià). Otros constituyen auténticos palacios barrocos, como Alfàbia (Bunyola) o La Granja (Esporles) o neoclásicos, como Raixa (Bunyola).

Paralelamente, es en la época moderna en la que se establece un sistema organizado y coordinado para defender la isla de los ataques piratas, que dividió la isla en tres partes: la montaña, el llano y la llamada marina. En base a este sistema algunos pueblos de la Serra de Tramuntana o cercanos a ella tenían que ayudar a los pueblos más costeros. Por ejemplo, las localidades de Santa Maria, Bunyola o Alaró tenían que ir en ayuda de Sóller en caso de una incursión pirata.

A partir del siglo XVI se intensifica la construcción de atalayas en la Serra, conformando así un complejo y eficaz sistema de vigilancia costera que abarcaba, de hecho, toda la isla. Las torres se comunicaban entre sí mediante señales de humo, de modo que en unas pocas horas el conjunto de la isla pudiera estar avisada de un posible ataque corsario. Destacan las torres de defensa y vigilancia de Cala En Basset (Andratx), la Trinitat (Valldemossa), la Pedrissa (Deià), la Torre Picada (Sóller), Na Seca (Escorca) y Aubercutx (Pollença).

En los siglos XVI y XVII, especialmente durante el reinado de Felipe II (1558-1598), Mallorca estuvo constantemente asediada por los ataques corsarios, dirigidos en general por el imperio turco, con el fin de debilitar a la monarquía hispánica en el mar Mediterráneo. Las poblaciones de la Serra estaban más aisladas y tenían más dificultades para conseguir refuerzos en caso de necesidad. Algunos ataques fueron devastadores, como los que se dieron en Banyalbufar y Estellencs el año 1546. Los habitantes de Pollença vencieron en una conocida batalla al temible pirata Dragut en el año 1550, mientras que hubo saqueos importantes en Alcúdia (1551), Valldemossa (1552) y Andratx (1553).