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Posesiones

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Con la denominación de possessió se hace referencia en Mallorca a una gran propiedad o finca de características rurales y agrícolas, de una extensión más o menos importante, que incluye un pequeño núcleo edificado - las casas de posesión - que ejerce de centro de explotación y producción agrícola y ganadera. Las posesiones tienen su origen en el reparto de tierras entre los nobles que participaron en la conquista catalana de la isla el año 1229, reparto que se realizó a partir de las alquerías y los cobertizos islámicos preexistentes. De esta modo, los propietarios de estas fincas suelen estar emparentados genealógicamente con descendientes de familias nobles de terratenientes. La posesión funcionaba - y en ciertos casos lo sigue haciendo- como una unidad de producción alrededor de la cual se desarrollaba todo un sistema de explotación agraria en la que participaba un importante contingente humano que podía oscilar, según la extensión de la propiedad, entre una decena de campesinos hasta cerca de un centenar. En la Mallorca preturística (anterior al primer desarrollo turístico en masas producido en la década de 1950), el territorio entero se organizaba, estructura y dividía en posesiones.

Así, si las grandes propiedades de Mallorca tienen la forma de estos espacios de carácter agrícola y ganadero. Sólo las 10 posesiones más grandes ocupan 31.200 hectáreas, el 38,2% de la superficie de la Serra de Tramuntana. Estas grandes propiedades constituyeron - y lo siguen haciendo en parte hoy en día - auténticos centros económicos que actualmente atraviesan una fuerte decadencia y buscan alternativas en actividades como el agroturismo. Las posesiones conviven con la pequeña propiedad, concentrada básicamente en los alrededores de los núcleos urbanos, en forma de huertos y tierras de regadío, así como de olivos.

Dentro del conjunto arquitectónico formado por las casas de la posesión sobresalen varias dependencias: la casa de los señores (los propietarios) y la de los amos (los arrendatarios). Además podemos encontrar un conjunto de salas y espacios dedicados a las tareas propias de la vida del agricultor y el pastor. En algunos casos, las dificultades de acceso a las casas de la finca o la escasa categoría de ésta, dejaban la explotación sin residencia de los señores. Esta carencia era suplida o bien por otro casal en las afueras destinado únicamente a residencia de los terratenientes, o bien por los típicos centros urbanos desde donde se ejercía el señorío de la posesión, que entonces era habitada y explotada únicamente por personal agrícola.

Ciertas infraestructuras de gran interés etnológico se encuentran presentes en las posesiones: la carbonera (almacén donde se depositaba el carbón producido en los ranchos de la propiedad); la bodega (que encontramos raramente en las posesiones de montaña, pero sí en las de los litorales de Valldemossa , Deià y Banyalbufar, donde no sólo se cultivaba la vid sino que además se llegaron a producir variedades exóticas como la malvasía), o la torre de defensa, más propia de fincas cercanas a la costa.

Estas fincas se encuentran distribuidas a lo largo y ancho del territorio, aunque se observa una especial concentración en los principales valles, ocupando así las tierras más fértiles. Algunas aún se encuentran habitadas y en estado de semiexplotación, lo que ayuda a que se mantengan en un estado de conservación aceptable. Sin embargo, hay también posesiones abandonadas o muy deterioradas. Aún así, muchas de ellas han sido restauradas y han alcanzado las funciones de agroturismo o de segunda residencia de gente con alto nivel adquisitivo.