• Piedra en seco Piedra en seco

    La técnica de construcción más destacable del paisaje cultural de la Serra de Tramuntana es la de las Piedra en seco. Se caracteriza por utilizar la piedra residual de los campos-es decir, que no procede de canteras-, trabajada sin ningún tipo de argamasa o cemento, y utilizada para levantar paredes, muros y otros elementos constructivos como caminos, barracas, puentes y edificaciones. Su uso está muy extendido en la cuenca del mar Mediterráneo, desde e [...]

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PAISAJE CREADO

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Núcleos urbanos

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En la Serra de Tramuntana existen grandes núcleos urbanos como los de Sóller, Andratx y Pollença, hasta pequeñas aldeas como Orient, Ullaró, Biniaraix, Sa Calobra, Llucalcari, Biniarroi, Binibona o Binibassí, pasando por otros núcleos de gran valor arquitectónico como Fornalutx, Banyalbufar, Valldemossa, Estellencs o Deià. Estos dos últimos han sido declarados recientemente Bienes de Interés Cultural en la categoría de Conjuntos históricos.

Es en los núcleos urbanos donde, lógicamente, se acumula gran parte del patrimonio arquitectónico de la Serra de Tramuntana, además de muchos otros elementos que definen el paisaje urbano: lavaderos, molinos, pozos públicos, grandes casas. En ellos se localizan desde imponentes posadas hasta casas rústicas de gran simplicidad, el emplazamiento acaba definiendo una trama urbana formada por estrechas callejuelas, que a veces se adaptan a las laderas montañosas, como en los casos de Bunyola, Estellencs o Banyalbufar.

La orografía y el trazado viario, con pendientes pronunciadas para adaptarse al terreno y a la forma de los solares, generan unas calles tortuosas y sinuosas que dan un carácter irregular y singular en estos núcleos urbanos. Esta topografía urbana en parte se debe a su pasado islámico, aunque hay que precisar que estas alquerías islámicas eran mucho más pequeñas y los núcleos históricos sufrieron crecimientos importantes en el siglo XIV.

En el entramado urbano influye mucho el parcelario, a medida que se abren calles en los núcleos urbanos se parcela configurando los solares, que habitualmente son de fachada alta y estrecha, lo que condiciona la tipología de las viviendas (frente a las viviendas de la llanura de la isla que suelen ser de fachada ancha y baja).

Algunos núcleos como Valldemossa, Estellencs, Banyalbufar o Fornalutx, mantienen todavía hoy un paisaje urbano tradicional muy bien conservado, gracias al uso de la piedra calcárea en la construcción de sus viviendas, y a su pavimento empedrado, incorporado en algunos casos durante el siglo XX después de enterrar los servicios de evacuación de pluviales.

Aunque en los núcleos urbanos dominan los edificios de época moderna, algunos barrocos y otros de arquitectura popular, existen interesantes elementos góticos, renacentistas y modernistas. Este último estilo se localiza básicamente en la población de Sóller, pero también, en menor medida, en Bunyola. Junto con las aportaciones contemporáneas de estilo historicista y regionalista, las edificaciones modernistas son un claro testimonio de la próspera situación económica y la aparición de una clase burguesa adinerada en la villa de Sóller, a finales del siglo XIX e inicios del XX. Todas ellas han contribuido a definir el nuevo perfil urbano de la ciudad.

Los sistemas hidráulicos complejos se han organizado a lo largo de los siglos en comunidades de regantes que perduran hasta la actualidad y que estructuran las zonas de las huertas periurbanas de la mayoría de los pueblos de la Serra de Tramuntana. De hecho, el crecimiento de los pueblos generalmente se desarrolla de forma totalmente relacionada con esta estructura agraria.

Una interesante muestra de arte popular en los núcleos urbanos son las tejas pintadas que decoran las cornisas de algunas fachadas. Sóller y Fornalutx son los dos municipios de la isla con mayor número de casos inventariados (56 y 27 edificios, respectivamente). Aunque se les llama teulada de moro, la tradición parece remontarse al siglo XVI. Estos elementos ornamentales se realizaban introduciendo las tejas en cal para posteriormente pintarlas de color rojo, conseguido de la mezcla de aceite de linaza y almagro. Presentan motivos geométricos y vegetales, elementos de la vida cotidiana, figuras antropomórficas y zoomórficas, temas religiosos y gran cantidad de inscripciones. Además del valor decorativo debían tener un valor simbólico asociado con la protección de la vivienda y de sus habitantes.