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PAISAJE CREADO

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Paisaje del agua

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El aprovechamiento del agua, un recurso escaso y preciado en el contexto climático y cultural de la cuenca del mar Mediterráneo, ha dado lugar en Mallorca, y en particular en la Serra de Tramuntana, a la construcción de un complejo conjunto de construcciones de ingeniería hídrica tradicional con el fin de captar y extraer el agua subterránea o superficial, y conducirla, distribuirla y almacenarla. También se han habilitado, históricamente, importantes sistemas de regulación y control de los excesos hídricos que ocasionalmente provocan las lluvias torrenciales, y que provocan inundaciones y otros efectos relacionados con la erosión del suelo.

En toda la región mediterránea, el agua es un elemento limitado -su presencia y ausencia tienen una elevada componente estacional-, y la isla de Mallorca no es ajena a esta especificidad. Mallorca, con una superficie de 3.620 km2, no cuenta con ríos sino con rieras, barrancos, ramblas y torrentes. Mallorca también dispone de surgencias (fuentes) que se encuentran aisladas y dispersas por el territorio mallorquín pero son, con notable diferencia, más abundantes en la Serra de Tramuntana -frente al resto de la isla, donde abundan los pozos- y los caudales son más bien modestos.

El agua de fuentes y torrentes ha sido históricamente aprovechada para múltiples funciones. Además del consumo humano, en las posesiones y en los núcleos urbanos, el agua ha servido para abrevar ganado, como fuerza motriz y para regar convenientemente los cultivos.

Los sistemas tradicionales de regulación, distribución y almacenamiento hídrico, que han funcionado en general hasta bien entrado el siglo XX, y aún hoy lo hacen en muchos casos, son el resultado constructivo de una obra en continuo desarrollo que ha sido modificada, ampliada y adaptada desde la Edad Media, y en concreto desde el siglo XIII como demuestran diversas referencias documentales.

La Serra de Tramuntana presenta la singularidad de que en un mismo espacio coexisten la función agrícola y la función hidráulica y de drenaje del agua, configurando un sistema que, como tal, sólo puede ser comprendido si se atiende a la suma compleja de las sus partes y no meramente a sus elementos individuales. Además, en la red natural de rieras y torrentes, que realizan una función natural de drenaje de aquellos excesos, se superpone una red antrópica de aprovechamiento de estos recursos. Esta red antrópica, superpuesta a la natural, se integra y se adapta a las características físicas y topográficas del terreno para configurar un paisaje del agua, la virtud del cual reside precisamente en la integración equilibrada de la actividad humana en el medio, así como en el conjunto de la obra realizada, que adquiere así un valor patrimonial de gran interés.

El desarrollo de esta mencionada doble red hídrica encuentra sus motivaciones en el aprovechamiento de las excepcionales condiciones de riqueza hídrica de la Serra de Tramuntana, vinculadas al contexto geográfico de una isla mediterránea caracterizada por la ausencia de fuentes regulares de abastecimiento hídrico. Así, dadas sus elevadas precipitaciones -en comparación con el resto del territorio insular- la Serra de Tramuntana ha actuado, directa o indirectamente, como principal proveedor de agua de la isla de Mallorca. Pero paradójicamente, las condiciones físicas que hacen posible la relativa abundancia de agua en la Serra de Tramuntana suponen una amenaza para el frágil patrimonio construido, ya que éste se encuentra expuesto en importantes episodios de inundación que afectan ocasionalmente, y que tienen efectos erosivos no menos importantes.

El patrimonio etnológico resultante no es únicamente material, sino que incluye aspectos intangibles ya que los sistemas hidráulicos y los terrenos abarcados tienen un claro reflejo en la toponimia local y en una terminología propia, siempre expresada en la variante mallorquina de la lengua catalana. Así, fuentes, molinos, huertos y otros tantos espacios rurales, por pequeños que sean, toman un nombre de lugar distintivo. Desde un punto de vista geográfico, la fijación espacial de esta rica y densa toponimia es de gran utilidad para la localización y delimitación exacta de los paisajes del agua, ya que numerosos nombres de lugar hacen referencia a la hidráulica y otros elementos hidrográficos (hidrónimos).

Para aprovechar los caudales en las cuencas hidrográficas de la Serra de Tramuntana, y proveerse de tierras de cultivo, los diferentes grupos humanos que han ocupado este territorio han utilizado profusamente la técnica constructiva de piedra en seco para ir delimitando y fijando las camas de los arroyos, ramblas y otros cursos secundarios, y habilitar paredes sobre ciertos tramos o cursos de agua con lo que ha sido relativamente fácil decidir el trazado de las acequias y, en general, del sistema hídrico construido, conformado por sistemas de captación y desviación mediante presas, sistemas de distribución mediante canalizaciones y sistemas de almacenamiento mediante balsas, estanques o aljibes, e incluso mediante la misma acequia ensanchada.

El resultado es un complejo y singular paisaje del agua, a lo largo de este recorrido del agua, canalizada desde una fuente o una riera o torrente, es aprovechada para diferentes usos. Este paisaje se caracteriza por la densidad y abundancia de sus elementos tipológicos, que pueden organizarse en seis grupos según su funcionalidad:

  1. Elementos de captación de agua superficial y subterránea: manantiales y fuentes naturales, presas asociadas a cursos superficiales de agua y embalses, fuentes de mina, y pozos y norias.
  2. Elementos de conducción y distribución: acequias y otras canalizaciones.
  3. Elementos de control hídrico: ralles, albellons, eixugadors, parats, marjades, en la terminología popular mallorquina.
  4. Elementos de almacenamiento: depósitos de agua (aljibes, balsas, abrevaderos).
  5. Elementos de utilización del agua como fuerza motriz: molinos harineros y molinos de papel.
  6. Elementos de aprovechamiento de la nieve: neveras.